La controversia está servida. Supongo que los que estéis leyendo este artículo, o este blog en general, habréis oído alguna vez estos dos nombres: stevia y aspartamo. Como últimamente me he estado informando sobre ello, aprovecho este artículo para poner en blanco sobre negro lo que he encontrado sobre el tema.
Por un lado tenemos el Aspartamo, un edulcorante bastante usado en la industria de los alimentos de bajas calorías, Light, dietéticos…, que está en el punto de mira de muchos críticos. De hecho, hay ya varios estudios científicos que revelan la peligrosidad de esta sustancia. Por ejemplo, el estudio realizado por el Centro de Investigación de Cáncer Cesare Maltoni ha confirmado que este edulcorante artificial provoca cáncer y leucemia en ratas. Otros estudios lo relacionan con tumores de cerebro, ovarios, úteros, mamas, testículos, tiroides y páncreas, esclerosis múltiple, lupus…

peligros del aspartamo
Especialmente en diabéticos, el aspartamo pasa la barrera de la sangre al cerebro y deteriora sus neuronas, pudiendo provocar daño cerebral, depresión, ataques de pánico e ira incontrolable.
Los niños también son especialmente sensibles porque pueden sufrir disfunciones neurológicas.
Como la patente del Aspartamo expiró, ahora hay más de 5000 productos por el mercado que contienen dicha sustancia (por supuesto hay muchas empresas sedientas de las ganancias que están consiguiendo, y seguirán haciéndolo a menos que cambien alguna ley)
Algo que va más allá de la evidencia es que incluso en el New York Times se expuso que la organización de Monsanto (creador del Aspartamo) aporta fondos entre otros a la Asociación Americana de la Diabetes (ADA), la Asociación Americana de Dietética y la Conference of the American College of Physicians (algo así como la conferencia de médicos americanos)
Por supuesto, estas asociaciones, como muchas otras responsables de nuestra salud (FDA –US Food & Drug Administration en el caso americano), no pueden criticar estos aditivos, ya que obtienen gran parte de sus ingresos de estas compañías.
Si una cosa era mala (el azúcar) la solución que nos han dado (Aspartamo, que también se le llama E-951) es peor.
Así que pensaros un poco mejor eso de beber Colas Light porque no contienen azúcar. De hecho, la mismísima empresa Coca-Cola parece que está investigando y ha hecho peticiones ya para utilizar la Stevia como edulcorante en algunas de sus bebidas dietéticas.
Sobre la Stevia hablaré en la segunda parte de este artículo…
Más información sobre el tema en:
http://www.ramazzini.it/fondazione/newsDetail.asp?id=17
http://www.masternewmedia.org/es/2007/06/23/aspartame_estudio_revela_lo_que.htm
Si quieres leer este artículo en inglés, este es el enlace: Stevia vs aspartame (Part 1)
Bueno, pues como parece que de momento no va a haber una versión en español del libro del Dr. Schnitzer sobre curar la diabetes a través de la alimentación, me veo en la “obligación moral” de hablar más sobre el contenido del libro (ya que sinó, los que no sepáis inglés o alemán no tendréis acceso a esa información. Y considero que todos deberíamos tener acceso a recursos tan valiosos)
Como ya comenté en otro artículo, el libro se titula “Curar la diabetes. Tratamiento biológico de la diabetes y sus consecuencias” (traducción propia del título) El autor desarrolló esta terapia/dieta tras haber evitado varias amputaciones de pierna por cangrena causadas por la diabetes y curado a varios pacientes de dicha enfermedad. En el libro hay varios testimonios, escritos por los propios pacientes, que durante los últimos 20 años se han curado la diabetes, tanto tipo I como tipo II, gracias a su concepto de alimentación sana.
Como ya expliqué su teoría de la alimentación, la cual sigue una perfecta lógica para mí, hoy quiero detallar un poco más en qué consiste la dieta. Según un estudio científico sobre la constitución de la mandíbula y dentadura del “hombre” a lo largo de la historia, se llegó a la conclusión de que el “hombre” es frugívoro por naturaleza. De esa conclusión se puede deducir el tipo de alimentación que nuestro organismo fue dotado para morder, metabolizar y digerir: cereales germinables, semillas gramíneas, legumbres germinadas, lechugas tiernas, raíces, frutos secos, frutas.
Muchos detractores de la dieta vegetariana basan sus opiniones en la falsa teoría de que algunos aminoácidos esenciales sólo pueden encontrarse en productos animales (carne, leche, queso…) Pero en realidad, las necesidades de aminoácidos también pueden cubrirse a través de la combinación de portadores vegetales de proteínas (por ejemplo combinando cereales con lechugas verdes o con legumbres y soja). La ventaja de este tipo de proteínas es que no sobrecargamos nuestro cuerpo de proteínas y por lo tanto no se producen las típicas enfermedades por ello causadas. Esto es debido a que nuestro apetito, originalmente programado para satisfacerse con vegetales, da señales a tiempo de parar al sentirnos ya llenos (estos “frenos” fracasan con la alimentación de productos animales, a la que nuestro cuerpo no está genéticamente programado).
Los alimentos naturales mencionados antes deberían ser disfrutados en su forma más “vívida”, es decir, sin desnaturalizarlos a través del calor. A través de su cocinado (exposición al calor) se pueden incluso formar substancias tóxicas (excepto en patatas), a parte de perder sus valores en nutrientes.
Por eso es, tanto para sanos como para enfermos, la manera más fácil de digerirlos. El problema es que nuestros cuerpos no están acostumbrados a este tipo de alimentación (la suya originaria).
Para hacer la transición de la dieta actual a esta dieta orgánica, el autor aconseja una fase de adaptación mediante una dieta a base de sopas de cereales (desayuno, comida y cena), en la que el primer tercio de ese periodo los cereales son hervidos un poco; la segunda fase se mezcla mitad hervidos y mitad crudos y la tercera fase solo mojados.
Este periodo puede durar entre 3 días y 3 semanas.
Por mi experiencia puedo decir que esta fase es la más dura, incluso con molestias en el estómago, ya que mi cuerpo necesitaba acostumbrarse a ello. Pero después, se pueden empezar a comer todas las otras cosas que he mencionado antes y el estómago cada vez funciona mejor. De hecho yo siempre había sufrido diarreas y estreñimiento y desde que empecé con esta terapia no he vuelto a tener y voy al baño cada día sin problema (además de haber bajado un 75% la cantidad de insulina que me inyecto, señales de que a mi cuerpo le sienta muy bien esta alimentación)
Para cualquier consulta sobre la preparación de esas sopas de cereales o de la dieta después, no dudéis en poneros en contacto conmigo. Pero seguiré dando información en próximos artículos.
Esto funciona, vaya si funciona!!
¿Recordáis que en mi artículo de ayer anuncié que hoy, si todo iba bien, me pondría solo 1 unidad de insulina? Pues bien, hoy vuelvo con los resultados. Estoy orgulloso de poder decir que me ha bastado 1 unidad de insulina en cada comida!! Mi azúcar en sangre ha estado entre 60-94. Y no creáis que no he comido hidratos de carbono.
Mi desayuno ha sido: 80 grs. de avena entera, 1/2 manzana, 1 rodaja de piña, 4 frambuesas, nueces y avellanas, todo mezclado en un musli. Mi comida: una gran ensalada mixta con 80 grs. de lentejas germinadas y de postre melón y almendras. De cena: otra gran ensalada con 80 grs. de avena entera y almendras de postre.
Si calculáis los hidratos de carbono que hay en esas comidas y la diminuta cantidad de insulina que he necesitado, podréis comprobar lo bien que está respondiendo mi cuerpo a la terapia/dieta para curarme la diabetes.
Espero poder seguir dando tan buenas noticias en próximos artículos!
Sigue leyendo Fantásticos resultados en mi curación de la diabetes
Como mencioné en uno de mis anteriores artículos, hace poco leí unas anécdotas histórico-científicas que considero interesantes y esclarecedoras en cuanto a la fiabilidad de algunos postulados médicos que tan ciegamente aceptamos como palabra sagrada.
Una de ellas tiene que ver con Popeye, con el que todos estamos familiarizados o al menos hemos oído hablar de él. Pues bien, así es como surgió el fenómeno de las espinacas de Popeye.
Las autoridades sanitarias de Estados Unidos, durante la segunda guerra mundial, se dieron cuenta de un progresivo aumento de las anemias por hierro en la población infantil. Para acabar con este problema, decidieron promocionar el consumo de alimentos ricos en hierro. Siguieron las conclusiones de un estudio científico alemán en el que se analizaba el contenido en hierro de diferentes alimentos, donde destacaban, muy por encima de los demás, las espinacas.
El problema es que el valor indicado en el estudio estaba equivocado por una errata de imprenta (se había corrido la coma decimal) Sin embargo, tomaron el dato literalmente y lanzaron una campaña publicitaria de las espinacas por todo el país, con la colaboración del héroe de los dibujos animados Popeye, que recibía su fuerza de esta verdura. Más tarde se dieron cuenta del error, pero parece ser que las espinacas todavía seguirán dando fuerza a Popeye durante mucho tiempo (sacado del libro “Vivir bien sin comer carne. Alternativas prácticas al mito de las proteínas de origen animal”)
En este caso, como las espinacas son muy sanas y nutritivas, no creo que haya habido consecuencias graves debidas a ese error científico. Pero a mí me pone los pelos de punta el pensar en el poder que hemos llegado a otorgar a las autoridades médicas, sin cuestionar ni poner en duda las afirmaciones y conclusiones a las que llegan (y eso que lo que está en juego es nuestra salud y nuestra vida) En realidad, los médicos son muy buenos en lo que hacen. Pero en lo que no hacen o no saben hacer (como curar la diabetes), creo que deberían informarse, investigar más y tener la humildad de aprender de los que sí han curado las enfermedades crónicas que ellos consideran incurables (por cierto, ¿os habéis fijado alguna vez en esa palabra?: incurable. En inglés podría venir de “in-curable”, es decir, “curable from within” o “curable desde el interior)
Aprovecho este artículo para responder alguno de los comentarios que he recibido preguntándose y dudando sobre cómo es posible que teniendo diabetes tipo I, pueda ir reduciendo la insulina inyectada y seguir comiendo los mismos hidratos de carbono.
Bueno, para empezar me veo en la necesidad de decir que quizás el modelo actual de la medicina en cuanto a la diabetes esté basado en unos fundamentos erróneos (como que la diabetes es incurable).
Un ejemplo de esto lo encontré ayer mismo leyendo una noticia en un diario en internet sobre genómica. Parece ser que por primera vez un estudio ha dado con la secuencia genética completa de una persona (en este caso la del propio investigador del proyecto Craig Venter) Una de las conclusiones del estudio es que “la variación [genética] de un humano a otro es siete veces mayor que en las estimaciones previas, lo que prueba que en el nivel genético somos individuos mucho más únicos [de lo que se creía].”
¿Qué quiero decir con esto? Pues que si en realidad cada uno de nosotros es único y diferente a nivel biológico, ¿por qué se empeñan tanto desde la medicina tradicional en tratarnos a todos igual? Si te diagnostican diabetes, ya está: te colocan la “etiqueta” de diabético, te convencen de que tu pancreas ya no funciona y te recetan insulina para el resto de tu vida. ¿Y a eso le llaman tratar una enfermedad? Para mí, tratar una enfermedad es ver lo que la ha causado (y en cada individuo puede haber sido por una razón distinta), e ir a la raíz del problema para subsanarlo.
En realidad el punto de partida en nuestro caso sería corregir nuestro organismo obstruído, ofreciéndole las condiciones naturales que el metabolismo humano necesita para funcionar a su nivel normal (en salud). El método “bio-lógico” que estoy usando apunta a una curación de la enfermedad a través de la eliminación de las verdaderas causas de la insuficiente eficacia de la insulina, restableciendo la base natural de la salud, principalmente gracias a una nutrición natural apropiada para el “hombre”. Así se normalizan los procesos metabólicos y permite al paciente metabolizar hidratos de carbono de nuevo, sin las limitaciones anteriores (sacado de la web del Dr. Schnitzer)
Por supuesto hay que cambiar todo el concepto de la alimentación al que estamos acostumbrados. La terapia básicamente es una dieta basada en verduras, hortalizas, fruta, frutos secos, cereales, legumbres germinadas, nada de comida proveniente del animal, y todo, lo más fresco posible (es decir sin cocinarlo)
¿Por qué nada de carne? Pues porque son alimentos muy ricos en proteínas que el cuerpo va acumulando en la membrana de las células, haciendo que su grosor sea cada vez mayor. Así, se va haciendo cada vez más difícil para la célula intercambiar oxígeno y nutrientes con su exterior. Por supuesto, la glucosa también lo tiene más difícil para entrar en la célula y por eso se va acumulando en la sangre, con lo que necesitamos dosis cada vez mayores de insulina. Esto a largo plazo produce la mayoría de enfermedades y complicaciones que conocemos derivadas de la diabetes.
¿Por qué crudo? Porque es cuando los alimentos tienen todos los nutrientes, las enzimas y vitaminas que necesita para metabolizarlo. Al cocinar (hirviendo o friendo) los alimentos, van perdiendo sus enzimas, por lo que nuestro cuerpo, a parte de necesitar la energía para la digestión, necesita un esfuerzo añadido para crear sus propias enzimas y así poder metabolizar la comida. Es lo que pasa también con los alimentos refinados (pan blanco, bollería, harinas refinadas…) Al quitarles la capa exterior de los granos de cereal, se les quita también la fibra y enzimas que llevan en sí preparadas para que nuestro cuerpo pueda aprovecharlas mejor.
Por eso es por lo que puedo reducir la insulina comiendo los mismo carbohidratos: porque he cambiado el tipo de carbohidratos. Al comer cereales enteros, tengo la fibra y las enzimas que hacen que el cuerpo los vaya aprovechando muy lentamente (por lo que no suele haber picos altos o bajos de azúcar) Y al no comer productos cárnicos o lácteos, mis células pueden intercambiar todo lo que necesitan con su exterior para poder ejercer su función natural.
Que cada uno investigue su caso, pero yo creo (y los muchos casos de curación explicados en el libro así lo demuestran) que en la mayoría de los casos el pancreas recupera su estado normal de funcionamiento.
Espero haber resuelto un par de dudas. Por supuesto, la terapia del Dr. Schnitzer incluye más consejos, teorías, recetas y recomendaciones para asegurar en lo máximo posible el éxito.
Por favor, no dudéis en escribirme si tenéis más dudas o preguntas al respecto.
Por la salud de todos!
Hoy quiero recomendar un interesante video (a aquellos que sepáis inglés) sobre las posibilidades de curar la diabetes. De hecho es un trailer de un documental/película que se va a lanzar en primavera del 2008. Es del estilo de “Super Size Me“, que es una crítica a la comida “basura” que está reinando en algunos países y las consecuencias que ello tiene en nuestra salud.
En este otro video, varios americanos padeciendo de diabetes tipo II insulino-dependientes y acostumbrados a comer de McDonals se concentran durante 30 días en una especie de granja en medio del desierto, acompañados por médicos, y comen solamente comida orgánica, fresca y cruda, cambiando su estilo de vida. Los resultados son impresionantes! Tengo ganas de que salga a la luz este documental y espero que llegue a mucha gente!
[googlevideo=http://video.google.com/videoplay?docid=-1407054601065907544&pr=goog-sl]
Para los que sepáis inglés podéis informaros más en la web Raw For 30 Days.
Os recomiendo este video porque el tipo de dieta es parecida a la que estoy siguiendo yo, y que tan buenos resultados me está dando.
La respuesta a esa pregunta debería ser un “Le pasa que vive en una sociedad que ha perdido el contacto con su creadora y sustentadora: la Naturaleza.
Hoy quiero dedicar el artículo a la importancia de la dieta.
Cada día me estoy dando más cuenta de los beneficios que estoy experimentando en mi cuerpo gracias a una alimentación sana. Solo para mencionar algunas de estas mejoras: disminución de la insulina inyectada a la mitad; pérdida de peso; mejora digestiva y de la consecuente evacuación (ya sabéis, “ir al baño”); el aliento de mi boca ha pasado a ser neutro (es decir, ya no huele); herpes alrededor de los labios que antes tardaban entre 1 y 2 meses en curarse y desaparecer ahora se curan en una semana y desaparecen en dos; claridad de pensamiento y actitud más positiva. Si esto es lo que noto con sólo un mes de dieta, tengo ganas de ver que más mejoras voy a experimentar en mi salud con el tiempo!
Un dato interesante: los pueblos que alcanzan edades más avanzadas (80, 90 ó 100 años), manteniéndose física y psíquicamente bien durante su vida son los vilcabambas de Ecuador, los abjazianos de Asia central, los habitantes de Okinawa en Japón y los hunza de Pakistán. La pregunta a hacerse aquí es, ¿y qué tienen estas culturas en común? Pues que forman comunidades agrícolas, en las que sus dietas giran en torno a las cosechas (centeno, con el que preparan el pan; legumbres, verduras frescas – a menudo crudas -, frutas…) Algunos de estos pueblos, como los hunza del Himalaya también toman productos lácteos y una vez a la semana carne, pero basan su dieta en los vegetales. Además, acostumbran a comer dos veces al día y si comen algo entre comidas suele ser o fruta o chápati (pan). Sus alimentos no están tratados con productos químicos o plaguicidas, y tampoco toman azúcar ni productos refinados (tan normales en nuestra dieta occidental)
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Se han hecho estudios científicos donde comprobaron que apenas se conocen casos de infarto, cáncer o hipertensión y su sistema inmunológico resulta casi inquebrantable. No padecen úlceras de estómago, apendicitis ni colitis y guardan un perfecto equilibrio entre la mente y el cuerpo (son reposados y optimistas)
Según los hunza, su vida pasa por tres fases: juventud, época en la que se dedican a la diversión, al juego y al afán de saber; los años intermedios, cuando consiguen el equilibrio personal; y los años dorados, colmados de plenitud y madurez.
Como se ve, hay una diferencia abismal con “nuestros” hábitos alimenticios y actitudes, y como consecuencia nosotros sufrimos los cientos de “enfermedades de la civilización” como las llaman algunos.
Para emular los resultados obtenidos por los hunza los expertos aconsejan: comer poco y sólo cuando tenemos verdadera hambre, masticar bien, no picar entre comidas e ingerir los alimentos con tranquilidad, dormir ocho horas, caminar dos horas diarias, no permitir las ideas negativas, no tomar el sol en exceso, respirar profunda y rítmicamente aire fresco, comer fruta y verdura fresca del tiempo, semillas y frutos secos y comer poca carne. (información sacada del libro “Vivir bien sin comer carne. Alternativas prácticas al mito de las proteínas de origen animal”)
Tengo algunas anécdotas interesantes sobre el por qué damos por sentado algunas costumbres alimentarias en Occidente basadas sobre “equivocaciones” o “mal-interpretaciones”. Pero eso será en próximos artículos.
Hasta entonces, mucha salud!!








