Aquí tenéis como prometí las últimas estadísticas de la evolución de mi azúcar en sangre al igual que la insulina inyectada en el último mes de terapia/dieta para curarme la diabetes tipo I.
Las cantidades de insulina mostrada se muestran por día, es decir, que el día que indica 3 unidades de insulina rápida, esa es la suma de todo el día (las de las tres comidas). Se nota que estoy particularmente orgulloso de ese día, no?
Quizás merece la pena comentar también, que hace dos semanas que no puedo hacer deporte, por una contractura muscular en la pierna al jugar a fútbol. En cuanto pueda volver a hacer ejercicio, estoy seguro de que va a mejorar todavía más mi salud, bajando aún más los niveles de azúcar y la necesidad de insulina.
Ya os digo, a esta diabetes no le quedan más de dos telediarios!
Como mencioné en uno de mis anteriores artículos, hace poco leí unas anécdotas histórico-científicas que considero interesantes y esclarecedoras en cuanto a la fiabilidad de algunos postulados médicos que tan ciegamente aceptamos como palabra sagrada.
Una de ellas tiene que ver con Popeye, con el que todos estamos familiarizados o al menos hemos oído hablar de él. Pues bien, así es como surgió el fenómeno de las espinacas de Popeye.
Las autoridades sanitarias de Estados Unidos, durante la segunda guerra mundial, se dieron cuenta de un progresivo aumento de las anemias por hierro en la población infantil. Para acabar con este problema, decidieron promocionar el consumo de alimentos ricos en hierro. Siguieron las conclusiones de un estudio científico alemán en el que se analizaba el contenido en hierro de diferentes alimentos, donde destacaban, muy por encima de los demás, las espinacas.
El problema es que el valor indicado en el estudio estaba equivocado por una errata de imprenta (se había corrido la coma decimal) Sin embargo, tomaron el dato literalmente y lanzaron una campaña publicitaria de las espinacas por todo el país, con la colaboración del héroe de los dibujos animados Popeye, que recibía su fuerza de esta verdura. Más tarde se dieron cuenta del error, pero parece ser que las espinacas todavía seguirán dando fuerza a Popeye durante mucho tiempo (sacado del libro “Vivir bien sin comer carne. Alternativas prácticas al mito de las proteínas de origen animal”)
En este caso, como las espinacas son muy sanas y nutritivas, no creo que haya habido consecuencias graves debidas a ese error científico. Pero a mí me pone los pelos de punta el pensar en el poder que hemos llegado a otorgar a las autoridades médicas, sin cuestionar ni poner en duda las afirmaciones y conclusiones a las que llegan (y eso que lo que está en juego es nuestra salud y nuestra vida) En realidad, los médicos son muy buenos en lo que hacen. Pero en lo que no hacen o no saben hacer (como curar la diabetes), creo que deberían informarse, investigar más y tener la humildad de aprender de los que sí han curado las enfermedades crónicas que ellos consideran incurables (por cierto, ¿os habéis fijado alguna vez en esa palabra?: incurable. En inglés podría venir de “in-curable”, es decir, “curable from within” o “curable desde el interior)





